Lo que aprendí de mi mayor fracaso

El 20 de Noviembre de este año, pagué la última cuota de un préstamo ICO a tres años, el cual utilicé para desarrollar una aplicación móvil.

A través de la app, las entidades que lo deseasen podían dar a conocer sus actividades socio culturales. Una agenda digital colaborativa, en la cual nosotros poníamos la tecnología y las entidades ofrecían gratuitamente la información.

 

· Mi primer error, fue confundirme con el formato de negocio. El retorno económico vendría de vender publicidad en la app, pero me equivoqué al pensar que las entidades públicas iban a subir la información.

Ningún ayuntamiento va a molestarse en meter información en una app de uso comunitario aunque sea gratuita. Prefieren desarrollar la suya propia por 30.000 €, aunque después vaya a tener 1.000 descargas.

 

· Falla rápido y barato. Segundo error que cometí, invertimos cientos de horas en diseñar y desarrollar la app y la web desde donde los usuarios podían meter la información y al enfrentarnos al mercado llegó el piñazo.

Deberíamos haber desarrollado lo mínimo para que cuando iba a hacer visitas comerciales me entendiesen, ver su grado de implicación con la idea, y después decidir si desarrollar el proyecto o no.

 

· El dinero barato, sale caro. En el año 2014 el dinero estaba tan barato, que hace que acudas con mayor facilidad a financiación externa, tal vez dinero más caro me habría hecho meditar más la decisión de acudir a un préstamo ICO.

 

· Las subvenciones son esteroides (esta frase no es mía se la oí a Frankie Gómez de Confirmsign, y se me quedó grabada). Nuestro proyecto fue beneficiario de una subvención del Ministerio de Cultura, para el desarrollo de nuevos canales digitales de promoción de actividades culturales.

Cuando un proyecto, está en fase de desarrollo con cero ingresos y las previsiones son de que los ingresos no lleguen hasta dentro de un año y de repente entra de golpe en la cuenta un montón de dinero, es imposible no relajarse un poco. Y esa relajación, mata los proyectos.

 

· Los premios alimentan el ego, pero no pagan nóminas. En la fase inicial del proyecto recibimos varios premios, que visto con perspectiva, fueron negativos. Nos hizo creer que estábamos teniendo éxito, cuando en realidad no habíamos facturado un euro.

Ahora cuando participo en un proyecto propio o de terceros, lo primero que hago es una lista con las cincuenta primeras llamadas que haré para solicitar una reunión para intentar vender ese producto o servicio.

 

· Cuando todo va bien, es muy fácil estar motivado, tener buen rollo con tus compañeros. Lo jodido es mantener la serenidad cuando vienen mal dadas, personalmente esto creo que solo se consigue, pegándote un par de ostias antes.

 

Mi conclusión personal sobre el fracaso. Para mi intentarlo y fracasar tan estrepitosamente como fracasé con este proyecto, no es realmente un fracaso. Aprendí mucho, incluso estos años de apretarme el cinturón para devolver el préstamo, han sido un gran aprendizaje personal.

Y para mi fracaso, es cuando no lo intento, o cuando lo intento a medias. Si lo hago lo hago a tope, en este caso me pegué un buen leñazo, aquí sigo dando más guerra que nunca y mejor preparado profesional y personalmente para cualquier dificultad que se me presente en el camino.