La importancia de hablar el mismo lenguaje que tus usuarios

Desde hace muchos años, los españoles y casi todos los ciudadanos de occidente, nos sentimos muy desligados de la política y de nuestros políticos. Y parte de este divorcio viene por el lenguaje que utilizan, muy diferente al que se usa en la calle.

Como consecuencia de la era digital que vivimos, cualquier metedura de pata o salida del tiesto de un político se convierte en viral en unos minutos. Y como es lógico el sentirnos observados y juzgados hace que midamos mucho nuestras palabras, le pasa a los políticos y nos pasa a todos.

O acaso no hablas diferente cuando estás con tu jefe o con tu padre, que cuando estás con tus amigos.

Pues a los políticos les pasa igual y de tanto querer cuidar cada palabra, de tener tanto asesor que les dicen como deben hablar, de tener expertos en comunicación que les envían diariamente una serie de indicaciones de cómo responder ante ciertos temas candentes, han perdido toda naturalidad.

A quien dice, que los políticos de antes Guerra, Suárez o Felipe González si que eran grandes políticos. Yo les diría que difiero totalmente, lo que si eran grandes comunicadores.

La lección, que podemos sacar de esto a nivel de gestión de nuestras empresas, es la importancia de hablar el mismo lenguaje que nuestros usuarios para generar empatía entre ellos y nosotros.

Un ejemplo, de la empatía que genera el recibir mensajes que sentimos como humanos no como programados, lo hemos visto estos días. Ante el horror del asesinato de Gabriel, como seguro que todos habéis oído comentar estos días, la madre del niño le regalo al Ministro de Interior la bufanda del pequeño.

Ante un hecho así y que a él le tocó especialmente la fibra porque sufrió también la pérdida de un hijo, lloró e hizo una declaración que le salió del corazón, no de ningún asesor:

“No estamos preparados para enterrar a un hijo”

Si hoy se realiza una encuesta de popularidad de los miembros del gabinete de gobierno, estoy seguro que los índices de popularidad de este ministro han mejorado, porque su mensaje genera empatía y humanidad, y resulta cien por cien creible.

Por lo tanto, hablale a tus usuarios de tu a tu, tendrás muchas más posibilidades de captar su atención.

Mi valor añadido como consultor de marketing

Te dediques a la consultoría de marketing o no, todos deberíamos hacernos esta pregunta por lo menos una vez al año, y por que digo una vez al año, porque todos sabemos que los negocios van pivotando y cada año se cambia un poco el rumbo, nuevos productos o servicios, nuevos mercados, etc.

Mi valor añadido es el asesoramiento independiente.

¿Y que es esto? Pues lo diré con un ejemplo, puesto que otras veces que he intentado explicar este concepto no parece fácil hacer que la gente lo entienda.

Quieres comprarte un coche. ¿Qué haces?

Vas a un concesionario, donde te van a decir que modelos tienen, que líneas de financiación, todo te lo van a pintar muy bonito y si el vendedor es bueno, hará que salgas de allí con la sensación de perder una formidable ocasión si no le compras a él el coche.

Pero imagínate, que ante una necesidad, en este caso un medio de transporte. Un experto, primero analiza tu caso específico.

No son las mismas necesidades, las de un soltero de Ourense, las de un soltero que vive en Madrid, las de una familia numerosa, las de una pareja con un dependiente a su cargo, etc, etc.

Cada familia tiene unas necesidades particulares. Y cada negocio también.

A partir de aquí un asesor independiente, puede valorar todas las posibilidades, cualquier coche de cualquier concesionario.

Y tu dirás, eso también lo puedo hacer yo, por supuesto, pero el tiempo cuesta dinero, y un experto si de verdad es experto, aportará a través de su experiencia un factor intangible, que es el know how, que hace que aumenten las posibilidades de que te lleves el medio de transporte más adecuado para ti.

Pero que pasa, si vamos un paso más allá, y resulta que dado que vives en Madrid y solo usas el coche para venir a Galicia tres o cuatro veces al año, y este asesor te demuestra con números que solo con el dinero del seguro te da para los billetes de tren que quieras coger al año. Y que con lo que te ahorras de la financiación, puedes irte de vacaciones a donde quieras una semana, a un hotel de cinco estrellas una vez por año.

Este es mi valor añadido, tener la libertad de poder asesorar lo que realmente le conviene al cliente no lo que me conviene a mi.

Hace un par de años, cada semana te llamaba alguien queriendo hacer una web de comercio online, cuando le explicabas que para que realmente una tienda online sea rentable hay que invertir bastante dinero y muchas horas de trabajo, en mogollón de tareas de todo tipo, desde generar contenido a cuestiones más técnicas como el SEO o el SEM, algunos te lo agradecían y otros se iban a la competencia, porque lo que querían oir es que se iban a forrar con todo lo que iban a vender con su tienda online.

Algunos de aquellos posibles clientes, se fueron a la competencia, y se hicieron su tienda online y la empresa que se la desarrolló ganó un dinero que yo no facturé.

Pero años después, alguno aun me dice que razón tenías, solo hace falta navegar un rato por internet y ver la cantidad de tiendas online zombis que hay.

Mi valor añadido, tiene su origen en una ética personal, soy mucho más feliz ganando menos pero haciendo lo que me gusta, y lo que me gusta es ayudar a mis clientes, no venderles un servicio que se que no es lo que realmente necesitan.

El cuento de la vaca y el monje

Un maestro paseaba con su discípulo cuando, de repente, vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre y decidió visitarlo.

Durante la caminata, le comentó a su discípulo que era muy importante realizar visitas, conocer personas y aprovechar las oportunidades de aprendizaje que te brinda la vida.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio. Allí vivían una pareja y sus tres hijos. La casa era de madera, todos iban descalzos y sus ropas estaban sucias y rasgadas.

Entonces se aproximó al padre de familia y le preguntó:

“En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni comercio posible. ¿Cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?”

El señor respondió:

“Amigo mío, nosotros tenemos una vaca que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte de la leche la vendemos o cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina. Con la otra parte hacemos queso, yogur y demás para nuestro consumo. Así es como sobrevivimos”.

El maestro agradeció la información y contempló el lugar por un momento. Luego se despidió y se fue.

En medio del camino, se dirigió a su discípulo y le ordenó:

“Coge la vaca de esta familia, llévala a aquel precipicio y empújala al barranco”.

El discípulo se quedó perplejo y le preguntó al maestro el motivo de tan drástica decisión, pues esa vaca era el único medio de subsistencia de aquella familia. El maestro no pronunció una palabra, por lo que el discípulo fue a cumplir la orden.

De esta forma, empujó a la vaca por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria del discípulo durante años…

Un día, el discípulo, agobiado por la culpa de haber matado a la vaca, decidió visitar a aquella pobre familia para contarles todo lo sucedido, pedirles perdón y ayudarles en lo posible.

Y así lo hizo. A medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy cambiado, ya no había un atisbo de pobreza. Todo lo contrario, pues los árboles estaban floridos, todo estaba muy limpio,…

Ya no había una vieja casa de madera, sino una enorme casa de piedra, con todo tipo de lujos. Incluso los niños, que antes estaban tristes y vestían ropas sucias y rotas, ahora estaban alegres y llevaban finas prendas.

El discípulo se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, por lo que aceleró el paso. Al llegar a su destino, fue recibido por un señor muy simpático. El discípulo preguntó por la familia que vivía allí hacía unos 3 o 4 años. El señor respondió que seguían viviendo allí. Espantado, el discípulo entró corriendo en la casa y confirmó que era la misma familia que visitó años atrás con su maestro.

Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaca):

“¿Qué hizo para mejorar este lugar y cambiar su vida de una manera tan increíble?”

El señor, entusiasmado, le respondió:

“Nosotros teníamos una vaca que se cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que usted puede ver ahora mismo”.

 

TIRA A TU VACA POR EL BARRANCO Y MANOS A LA OBRA